La Región de Coquimbo enfrenta esta semana las consecuencias de un sistema frontal que ha dejado al descubierto tanto la vulnerabilidad de nuestras comunidades como la urgencia de fortalecer nuestras capacidades de respuesta. Los titulares de esta edición cuentan una historia de agua: la que llena embalses y genera esperanza, la que daña rutas y corta el comercio, la que contamina quebradas y la que salva vidas en rescates desesperados. Los números hablan solos. Desde carreteras colapsadas que tardan seis horas en recorridos normales, hasta socavones que empeoran, pasando por daños agrícolas que justifican declaratorias de emergencia. El temporal golpea donde ya existe debilidad: infraestructura envejecida, sistemas de drenaje insuficientes, rutas críticas sin redundancia. Cuando la Ruta 5 se paraliza, no es solo un problema de tráfico; es el corazón económico de la región que deja de latir. Cuando falta luz en Río Hurtado o cuando hay agua verdosa en quebradas, no son hechos aislados sino síntomas de un sistema bajo estrés. Lo positivo es que la solidaridad está presente. Antofagasta que envía ayuda, cadenas humanas que rescatan, coordinación entre municipios para levantar catastros de daño. Los gobiernos locales se mueven: verificaciones de recuperación, fichas para ayudas, refuerzo de coordinación con empresas. Esto no es menor. Pero también indica que dependemos de la buena voluntad ciudadana y de la capacidad de respuesta inmediata porque no tenemos suficientes capas de prevención. La decisión de suspender Pampilla 2026 para financiar reconstrucción es sintomática. No es un lujo que podamos posponer, sino una inversión que debe esperar porque hay daños urgentes que atender hoy. Es comprensible, pero también refleja cómo las emergencias climáticas están desplazando los planes de desarrollo regional. No es insostenible indefinidamente. Coquimbo necesita una conversación seria sobre adaptación. No se trata solo de reaccionar mejor a tempestades, sino de repensar dónde vivimos, cómo construimos y qué infraestructura priorizamos. El cambio climático no avisa; simplemente llega. Esta semana llegó con lluvia. La próxima podría traer sequía. Ambas nos encuentran desprevenidos. Es hora de que eso cambie.
31 jul 2026

