La semana que recorre nuestras quince comunas pone en evidencia una región tironeada entre dos fuerzas: la necesidad de crecer económicamente y la obligación cada vez más urgente de proteger sus recursos naturales. En medio de proyectos de envergadura como el parque solar Hanna o la llegada de equipamiento minero de gran escala, aparecen alarmas que no podemos ignorar: la contaminación de agua en quebrada Quilmenco y el mejoramiento del sistema hídrico en Cuncumén hablan de una región donde el agua es tanto recurso estratégico como vulnerabilidad crítica. Esto no es nuevo, pero tiene matices interesantes en el presente. Mientras Punitaqui aprueba su plan climático 2026-2031 con respaldo regional, y empresas mineras reconocen la necesidad de mejorar sus sistemas de agua, los problemas de contaminación nos recuerdan que los anuncios deben traducirse en acciones concretas. No basta con aprobar planes o comprometer mejoras: la DGA confirmando contaminación es un llamado a verificar que las promesas se cumplen en terreno.
Pero esta edición también retrata una región donde ocurren otras cosas que trascienden lo productivo. El avistamiento de puma en La Capilla, los robos en Vicuña, el despido discriminatorio condenado en La Higuera, la falta de protocolos tras una golpiza estudiantil: son síntomas de que la Coquimbo enfrenta desafíos de seguridad, justicia social y calidad institucional que merecen tanta atención como cualquier megaproyecto energético. Un campeón nacional de fisicoculturismo andacollino o treinta nichos de emergencia en Los Vilos son historias que humanizan el territorio más allá de cifras de inversión. Lo que muestra esta semana es una región que crece, sí, pero que debe hacerlo con mayor conciencia sobre sus límites ambientales y sus deudas sociales. La llegada de infraestructura industrial de punta y la aprobación de parques solares son indicadores de dinamismo económico. Pero la contaminación confirmada de agua, los robos recurrentes, los despidos discriminatorios y las violencias en liceos muestran que el crecimiento no se distribuye equitativamente ni ocurre sin costos. Coquimbo tiene capacidad para desarrollarse de manera más integrada, donde el progreso económico dialogue genuinamente con la protección ambiental y donde las instituciones públicas —municipios, liceos, gobiernos— funcionen con la seriedad que una región que crece demanda. Esta semana nos recordó que todavía hay camino por andar en ambos frentes.

