Los recientes aluviones ocurridos en Santiago, particularmente en Las Condes, nos dejan una reflexión que va mucho más allá de los daños provocados por la naturaleza: ¿por qué cuando una emergencia afecta a sectores con mayores recursos económicos las soluciones parecen llegar con mayor rapidez?
En julio pasado, Atacama y especialmente la provincia del Huasco enfrentaron precipitaciones extraordinarias, desbordes, caminos destruidos, localidades aisladas y graves daños a la infraestructura hídrica y productiva. Desde entonces, distintas organizaciones e instituciones han trabajado para conseguir recursos, elaborar proyectos, justificar intervenciones y superar procedimientos administrativos que muchas veces no responden a la urgencia del territorio.
En Santiago hemos visto una importante movilización de autoridades, maquinaria y recursos para enfrentar la emergencia. Y está bien que así sea. Lo cuestionable no es la rapidez con que se actúa en la capital, sino por qué esa misma capacidad de respuesta resulta tan difícil de conseguir en regiones.




